La vida que realmente quieres
 
Dicen que vivir es tomar decisiones. Hay momentos en que la elección se hace evidente y toma una gran trascendencia. En otras ocasiones, se trata de pequeñas disyuntivas cotidianas a las cuales no damos mucha importancia, pese a que acaban configurando gran parte de nuestra existencia.
 
Conforme vamos avanzando en nuestro camino, somos cada vez más conscientes de nuestra parcela de responsabilidad, de que realmente gozamos de un pequeño espacio de libertad que hace de nuestra existencia algo mágico y estimulante.
 
Ocurre también que cuantos más años llevamos viviendo, más “aprendizajes” y conceptos vamos acumulando. Nuestra mente se va llenando de un sinfín de teorías sobre nosotros mismos y sobre el mundo, y poco a poco nuestras acciones se convierten en hábitos, y éstos, en automatismos.
 
Muchas veces estos automatismos hacen que acabemos viviendo con el modo “piloto automático” activado. Se trata de un estado opuesto a la conciencia, en el cual los días pasan sin que nos replanteemos nuestro rumbo vital, dejándonos llevar simplemente por la inercia. Puesto que este modo nace de nuestra historia previa, está a servicio de proteger nuestras ideas preconcebidas y de salvaguardar nuestra idea de nosotros mismos, de manera que todo nuestro sistema emocional y de creencias se auto-perpetúa una y otra vez. Estando en este modo nos resulta imposible ser creativos a la hora de afrontar las que la vida nos depara.
 
Cuando esto ocurre nos convertimos en grandes expertos en dos materias: acumular temores por un lado, y redactar grandes listados de razones por las cuales debemos o no debemos hacer determinadas cosas por otro.
 
Desgraciadamente, a veces acabamos tomando las decisiones importantes de nuestra vida siguiendo dichos constructos, en gran parte porque en un primer momento nos aportan mucha seguridad, al tener la sensación de “estar haciendo lo correcto”.
 
Cuando esto ocurre, a veces nuestra sabiduría interna intenta alertarnos de nuestro error, provocándonos sentimientos de tristeza o insatisfacción. Lastimosamente, como esto nos genera malestar e incertidumbre, a menudo en vez de pararnos a escuchar estas sensaciones, sacamos rápidamente nuestra larga lista de razones o intentamos distraernos con otras cuestiones, consiguiendo así bajar el volumen de nuestra vocecita interior un tiempo más.
 
El dejarnos llevar por los automatismos es algo que nos ocurre a todos en mayor o menor medida, y no se trata ahora de caer en el sobre-análisis excesivo, que por otra parte no sería más que seguir acumulando falsos aprendizajes. Lo que sí vale la pena es pararnos a hacer un poco de revisión, principalmente en cómo estamos manejando las áreas importantes de nuestra vida:
 
¿Realmente estoy haciendo lo que deseo? ¿Me siento bien conmigo mismo? ¿Tengo la sensación de estar avanzando hacia donde me hace feliz? ¿Estoy teniendo en cuenta mis propios valores? ¿Si supiera que voy a fallecer pronto, seguiría haciendo lo mismo que hago ahora? ¿Si volviera a nacer, tomaría las mismas decisiones? ¿Existe una equivalencia entre lo que es importante para mi en la vida y el tiempo y energía que dedico a dichas áreas?
 
Es importante no confundir la congruencia interna con la sensación de confort. A menudo salir del modo piloto automático no es algo cómodo o sencillo, puesto que implica desafiar las ideas preconcebidas y adentrarse en lo desconocido, ¡con la sensación de vértigo e incertidumbre que esto comporta!. Si revisas tu historia previa, seguramente reconocerás momentos en que has hecho grandes sacrificios para avanzar hacia donde realmente querías.
 
Sin embargo, cuando empezamos a caminar hacia donde realmente queremos, surge en nosotros una sensación de congruencia interna que es realmente enriquecedora. Es como si nuestra vocecita interior nos dijera dulcemente: “sé que es difícil, pero sigue, por ahí vas bien”. Surge entonces una sensación paulatina de seguridad que hace que uno se sienta cada vez más capaz de perseverar en su camino pese a las dificultades. Si te atreves a continuar, comprobarás como esta sensación cada vez se hace más fuerte, y el miedo y la incertidumbre acaban por disminuir.
 
El poema El viaje de Mary Oliver plasma este proceso de una bella forma, deseo que lo disfruteis:
 
El día llegó en que supiste,
finalmente, lo que tenías que hacer.
Y diste el primer paso,
aunque las voces a tu alrededor
no dejaban de gritar
sus malos consejos, aunque
tu casa toda comenzó a temblar.
Y sentiste el viejo tirón
en tus tobillos.
“¡Enmienda mi vida!”
cada voz gritaba.
Pero no te detuviste.
Supiste lo que tenías que hacer,
aunque el vivento urgaba
con sus ateridos dedos
los mismos cimientos,
aunque su melancolía
fuese tan terrible.
Ya era tarde,
y era una noche salvaje,
y el camino estaba repleto de ramas y
piedras caídas.
Pero poco a poco,
a medida que dejabas las voces atrás,
las estrellas empezaron a brillar
a través del manto de nubes,
y apareció una nueva voz
que lentamente
reconociste como propia,
que te hizo compañía
mientras te adentrabas a pasos agigantados
en el interior del mundo,
determinado a hacer la única cosa que podías hacer,
determinado a salvar
la única vida que podías salvar.
 
 
VNP
 
 
 
 
martes 22 de julio de 2014
La vida que realmente quieres